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Amores de verano

Álex Rei
domingo, 06 de septiembre de 2009, 12:25

Poco antes de morir, Paco Vidarte publicó un magnífico libro titulado Ética Marica. Allí el profesor Vidarte lo que hacía era ética política o política moral si se quiere, pero política al fin y al cabo. Sin duda este tipo de reflexiones son necesarias. Sin embargo, en este espacio que generosamente me brinda Tendencia Gay, no me quiero poner muy político, que lo soy, sino más íntimo, más intimista. Así que sobre lo que escribiré es también sobre ética, sobre dudas morales que todos los maricas nos planteamos y que es necesario poner en negro sobre blanco, no con la intención, ya lo advierto, de dar respuestas últimas y definitivas porque sería muy presuntuoso por mi parte, sino con el ánimo siempre sano de provocar debate y discusión. Y es que creo que es necesario que dialoguemos un poco. Porque los heteros, como en tantas otras cosas, ya tienen establecidos muchos esquemas, muchas estructuras dadas con las que viven fácilmente. Nosotros, en cambio, con las conquistas logradas recientemente de la normalización, del matrimonio, necesitamos un manual de ética que nos haga reflexionar sobre lo que podemos o debemos hacer y sobre lo que no. Animar esta discusión es lo que me propongo yo cada semana con dos colaboraciones que voy a desarrollar en este medio: una será esta columna, que firmo yo, Álex Rei, donde hablará quizá mi yo más moralista, más responsable y sensato, puede que más serio, y otra que será el “Consultorio de JL” donde ese personaje que también soy yo y que creé hace un tiempo, dará respuesta a todas las preguntas que tengáis. JL es quizá más hedonista, más juerguista, más liberal. Con estas dos miradas, que demuestran mi esquizofrenia, quiero yo mismo argumentarme y contraargumentarme, dialogarme, discutirme y contradecirme.

Septiembre es un mes extraño, es un mes que lo inunda todo de melancolía. Los días de verano, largos, luminosos y despreocupados, han quedado atrás y nos vamos metiendo en el ritmo de la rutina diaria que nos aletarga. Septiembre es el momento en el que uno recuerda con especial profundidad los amores de verano. Luego, en octubre, en noviembre, esos amores terminan por olvidarse, por quedarse en un simple recuerdo más de esa época feliz que es el verano. Quizá la despreocupación del estío hace que nos enamoremos más fácilmente, quizá los amores de verano se viven con más intensidad porque se tiene conciencia de que tienen fecha de caducidad. Yo he tenido muchos amores de verano y quizá nunca he sabido que no tiene ningún sentido intentar prolongarlos más allá del regreso a nuestras obligaciones cotidianas. Cuando era adolescente, los amores de verano era fácil dejarlos atrás. Como mucho, se prolongaban en el intercambio de una o dos cartas manuscritas que luego una mezcla de pereza y olvido te impedía continuar. Con el frío del invierno, uno miraba esas cartas, intentaba recordar el rostro del amante y tenía la sensación de que era irreal, que esa intensidad no había pasado nunca. Porque el verano es una época ficticia que pertenece al territorio de la fantasía.

Ahora, los adelantos tecnológicos nos han puesto mucho más fácil continuar con los amores de verano. El correo electrónico, el Messenger, el Facebook, hacen que la respuesta sea inmediata y el contacto no se pierda en el aeropuerto. Y, sin embargo, no sé  si merece la pena prolongar los amores de verano… Mis amores de estío suelen ser franceses. En una ocasión conocí una noche de verano en el Queen a un chico que bailaba sin camiseta y me fui a su apartamento en Montparnasse. Era una casa minúscula, de apenas 15 metros cuadrados, donde este chico, Pierre, vivía con su gato. Fue él quien me descubrió a Mylene Farmer. Era entonces el verano del 2002, todavía no había Fotolog, ni Facebook pero ya usábamos el correo electrónico. Y por este medio intenté prolongar ese espejismo que había vivido  una noche en la capital del amor. Después de unos cuantos correos,  alguna llamada telefónica que sangraba mi factura y muchas clases de francés, en diciembre Pierre vino a mi casa en Madrid. Ni que decir tiene que aquello fue un desastre. Pierre no era tan maravilloso, y recuerdo aquella visita como un infierno. Quizá entonces debí haber aprendido que los amores de verano merecen quedarse ahí. Pero el año pasado, en Canarias, conocí a otro francés, Thierry, que tenía novio. Una noche pagué el peaje de acostarme con los dos, aunque su novio no me gustaba, por pasar la noche con Thierry. Y comenzó  una historia que luego continuamos por el Messenger y con una visita en septiembre a mi casa. A diferencia del caso de Pierre, en este caso la convivencia fue un éxito y me pareció que el amor del verano podía traspasar las fronteras e inundar el otoño. En octubre me fui a París, Thierry dejó a su novio, y comenzamos una relación gracias a Easyjet con los aeropuertos de Charles de Gaulle y de Barajas como principales escenarios. La sensación de irrealidad y de felicidad sin sentido que uno tiene durante el verano la prolongué muchos meses, hasta que en mayo Thierry me dejó, quizá porque fue consciente de que los amores de verano no pueden llegar al año siguiente. ¿Qué hubiera pasado si hubiéramos llegado a las siguientes vacaciones juntos? Probablemente que el hechizo se hubiera deshecho.

 

Cuando en mayo Thierry me dejó no entendía por qué lo hacía. Ahora comprendo que era porque conocía mejor que yo el funcionamiento de los amores de verano. Porque los adictos a los amores de verano, cada año necesitan uno nuevo. Por ello, estos amores de estío es mejor dejarlos en la playa, en la arena, para que el mar se los lleve al terreno de los recuerdos felices.  

 

 

 
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Dice ser Pentagramus
martes, 23 de marzo de 2010, 02:19
Por primera vez tras la lectura de muchos artículos, creo que acabas de hacer, como dirían los ingleses, un "bull's eye" con una frase en concreto: "Porque los adictos a los amores de verano, cada año necesitan uno nuevo".

Aunque también considero que hay que distinguir entre "amor de verano" y "un amor que (casualmente) surge en verano".

Saludos.

Dice ser José AbsolutMe
lunes, 07 de septiembre de 2009, 23:22
Como siempre, impresionante!

Dice ser Hector
lunes, 07 de septiembre de 2009, 01:57
Eres el chico que escribio El diario de JL? Que buenoooo!! Me encanto tu libro y tb me compre la segunda parte. Te leere cada vez q escribas por aqi. Xa cuando una tercera parte de El diario?????

Dice ser Manuel
domingo, 06 de septiembre de 2009, 22:43
Yo encuentro esto un poco reciclado, pero no por eso menos certero. Suerte en esta nueva aventura.

Dice ser Jose
domingo, 06 de septiembre de 2009, 14:26
Este es tu primer artículo aquí y me has puesto la carne de gallina, felicidades por el estreno!

Dice ser Pablo
domingo, 06 de septiembre de 2009, 13:56
¿Pero, qué ha pasado ESTE verano?

Por Yeyo Ballesteros
domingo, 06 de septiembre de 2009, 13:32
Puffff!!! La piel de gallina!!! Muchas gracias por este primer artículo. Espero que sea el primero de muchos!! Es una suerte que compartas todas estas experiencias con nosotros. Además de ahorrarnos el psicólogo, nos pones tiernos, que hoy en día les hace falta a muchos!!

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